lunes, agosto 28, 2006

Ssalamu 'lekum

Vuelta brusquísima de vacaciones. Acabo de llegar a los madriles y directo a currar. No es por aprovechar hasta el último segundo, que también, sino sobretodo porque en estos días los autobuses a Madrid se llenan muy rápido y ya no había plazas en los diurnos.

Ahora tengo mucho sueño, dos gigas de fotos sobre las que trabajar cuando llegue a casa, y recuerdos de Marruecos tan vivos que no me dejan concentrarme en entender para qué sirve todo lo que programé el último día de trabajo (aunque la verdad es que nunca he entendido del todo). Así que he decidido que quizá mañana, después de dormir un poco, lo consiga, y hoy me estoy dedicando a actualizar el blog, escribir a toda la gente que he conocido (desde unos italianos con los que hice autoestop y terminé viajando en un una auténtica fregoneta marroquí con un redil de ovejas en el techo y mucha gente dentro, después de que nuestro autobús se estropeara en medio del Atlas Medio, hasta unos españoles que conocí en el tren cuando ya me disponía a volver a España y me invitaron a pasar con ellos sus últimos días en Marruecos).

Ya echo de menos la locura de las compras en Fes y Marrakech a las que me he hecho adicto, y a los burros que había que ir sorteando en la primera ciudad y a las motocicletas locas de la segunda. Hoy me encontraba perdido cuando la máquina expendedora me quería cobrar (y lo consiguió) nada menos que 2.50 euros (¡25 dirhams!) por el billete de tren, y no tenía con quién regatear. Comprar así no tiene ninguna gracia. Ya que tenemos estos sistemas tan modernos para comprar con maquinitas y con internet, deberían añadir un tercer icono, junto a los clásicos "acptar" y "cancelar", llamado "regatear". Claro que no tendría el mismo encanto que hacerlo con un auténtico vendedor de alfombras, que te sirve un té a la menta, te saca 20 alfombras/minuto y te disfraza de bereber mientras aún intentas comprender cómo has aparecido dentro de esa tienda. Pues no les queda ni nada a las máquinas expendedoras para llegar al nivel del vendedor de alfombras.

También echo de menos a Mohamed y a su familia, con quienes pasamos 3 días en su casa en Al-Hoceima y nos invitaron a una boda. Y al otro Mohamed (ya sé que decir Mohamed es como no decir nada porque aquí todos se llaman así, pero qué quereis que le haga), nuesto maravilloso guía durante un trekking de cuatro días por el Alto Atlas. Y a todos los niños que nos encontrábamos por el camino y nos acompañaban durante un buen trecho (y espero que ellos también se acuerden de nosotros cuando usen los bolis, gomas del pelo, espejitos, y todas las cosas que llevábamos encima y les hemos regalado). Y a la familia de Mohamed (otro más, no es coña) con los que tocamos música, jugamos a juegos bereberes, nos prepararon los platos más deliciosos de Marruecos y nos trataron como nunca, también en el Atlas, antes y después del trekking. Sobre todo esto último, si algua vez pensais visitar el Atlas, mirad antes en www.kasbahitran.com.

Y al chiringuito de la playa en Asilah, y a la señá Fátima, en cuya terraza conocías cada día a un vasco, a cual más peculiar. Y al niño de la camiseta de Ronaldinho, de Marrakech, que cada día esperaba en una esquina para acompañarnos al hotel (al que sabíamos llegar de sobra) y luego nos pedía un dirham por habernos mostrado el camino.

Tengo fotos de todo esto que prometen. En menos de una semana espero tenerlas en mi página de fotos.

Bueno, ahora a comer, y para la tarde ya tengo planes: a ver qué se cuentan mis blogs preferidos y bastantes mails que me faltan. Lástima que aquí no pueda descargar las fotos. Definitivamente, hoy no está el día como para trabajar.