domingo, marzo 30, 2008

GOING TO NY... Conciertos y conciertos


NY no sólo rezuma cine por todos sus poros. También rezuma jazz y hasta fotografía. Hace cuatro años, en mi anterior visita, mi habitación daba a la ventana de la casa en la que vivió John Coltrane, y pocas calles más arriba, en la misma avenida, estaba la casa de Duke Ellington. Me hacía casi tanta ilusión como a Corde saber que vivíamos al lado de la casa de Katharine Hepburn. Es que todos somos un poco frikis. Esta vez hemos visto dos conciertos geniales en lo musical pero diametralmente opuestos en el ambiente y la organización.

Uno fue el de The Bad Plus en el Blue Note. Unos auténticos maestros del jazz en uno de los locales más míticos del mundo. Seguramente en la época de Gillespie el ambiente en el Blue Note era muy diferente. Como suele pasar con estos lugares, decepciona ver que ese mito lo ha convertido en una máquina de hacer dinero. Los grupos tocan a diario durante una semana dos veces al día. Dan un concierto a las 8 y lo repiten a las 10. Así que a las 9 y media termina la última canción, y antes de que te de tiempo a decir "otra" los músicos han desaparecido del escenario, las luces se encienden a máxima potencia y comienza el desalojo. A las 10 tiene que estar lleno nuevamente y con las bebidas y comidas servidas.

Habíamos reservado y pagado el concierto por internet, lo que, pensábamos, nos daba derecho a una de las mesas con el cartelito de reservado (que eran todas salvo las de visibilidad reducida). Pues no, resulta que esas eran para los que pagan la reserva con american express, así que si pagaste con visa, te pueden mandar a una mesa en la que puedes ver algo sólo cuando los japonenes de la mesa de al lado se alinean de una determinada manera, manda huevos. La cosa empezaba mal, no había comenzado el concierto y ya nos estábamos cabreando. Al menos fue entretenido fotografiar a los vecinos, muy fotogénicos ellos hasta que sentaron en su mesa a dos americanos que rompían toda la estética de la foto. Y es que esa es otra, todas las mesas son pequeñas, de seis personas, y se ocupan de llenar todos los sitios aunque tengas que compartir mesa con gente que no conoces. Ni siquiera nos dejaron sentarnos uno al lado de otro (si nos sentábamos de frente uno quedaba en aún peores condiciones de visibilidad). La organización desastrosa también. Nos intentaron cobrar otra vez la entrada, nos trajeron más comida de la que habíamos pedido, y luego nos cobraron menos de lo que nos habían traído (al menos no siempre se equivocan en tu contra, también pueden hacerlo a favor).

Sobre el grupo, realmente impresionante. Sobre todo el batería, que tiraba del grupo durante todo el concierto, nos dejó alucinados. Al final el buen sabor de boca que te dejan compensa con creces el cabreo del principio.

El otro concierto, fue en el St. Nicks. Un bar en Harlem en el que estuve hace cuatro años en una de las experiencias musicales que más me han marcado en la vida. Aquí no se paga ni con visa ni con american express, tampoco se paga entrada ni suplemento, no se reservan sitios, aunque es un lugar pequeño hay sitio para todos. No hay prisas para empezar el concierto y mucho menos para terminarlo. Puede ser a las 4, las 5, las 6 de la mañana... porque ese lugar es una jam session continua. Un bar de músicos para músicos donde puedes encontrar en el escenario al que hace un rato te estaba poniendo la cerveza. Es todo lo contrario al Blue Note, un lugar donde el jazz se crea día a día.

Llegamos demasiado pronto y sin haber cenado, y aunque nada más entrar atrajimos la atención de los cuatro parroquianos que allí se hallaban y alguno quería ponerse a hablar con nosotros, decidimos irnos a llenar el estómago con alguna delicia de Harlem. Sólo econtramos abierto un sitio con un chino que preparaba unos platos que supusieron la prueba definitiva para nuestros estómagos, que de por sí ya lo estaban pasando suficientemente mal durante todo el viaje.

También es cierto que la segunda vez no es como la primera (tampoco esperaba que lo fuese teniendo en cuenta que la primera terminé en casa de uno de los músicos del bar, viendo las fotos de su familia). En esta ocasión, aunque el espíritu del lugar no ha cambiado y algunas caras, como la del trompetista eran conocidas para mí, en todo NY había muchos más turistas por ser Semana Santa y por lo bajo que está el dólar. Tantos turistas, que alguno que otro es capaz de llegar incluso hasta aquí. Esta vez no éramos los únicos blancos del bar. Cada vez entraba más gente y el camarero añadía sillas por delante de nosotros, con lo que la visibilidad fue empeorando poco a poco. Además no sólo había jam session, sino que antes de eso había un concierto de la mujer que veis en la foto, que también atrajo público extra a los habituales del bar. Musicalmente fue impresionante. Al igual que hace cuatro años sigo pensando que esta gente podría estar tocando en los principales escenarios del mundo sin ningún problema.

Terminado el concierto de esta mujer (que también tenía algo de jam session porque los músicos entraban y salían del escenario como les parecía o incluso tocaban desde una mesa) los turistas y la mayoría del público empezaron a salir. Parecía que era el momento de volver a vivir lo de hace cuatro años: jazz hasta la madrugada en un bar donde los únicos que no son músicos somos nosotros. Pero era tarde y el día había sido duro (como todos) así que decidimos dejarlo para la próxima vez y coger un teke (o yellow cab que dicen allí) hasta casa, no había ni fuerzas para coger el metro.

Ah, me olvidaba de mencionar a la china. Una camarera del garito que se arrancó con unas coplillas de su tierra mientras se preparaban los músicos. No era Ella Fitzgerald pero le ponía ganas, y era muy simpática. Hasta consiguió que se nos pegara una melodía china para el resto del viaje. No hubiera venido mal un poco más de respeto por parte de los habituales durante la actuación. De hecho no hubiera venido mal un poco de silencio en general durante todo el concierto. O eso, o haber estado sentados más cerca del escenario.

PD: acabo de empezar a subir fotos aquí. Sólo acabo de empezar, poco a poco irán apareciendo más.

martes, marzo 25, 2008

GOING TO NY... San Patricio y los Chieftains

Un par de cosas antes de empezar con la serie de NY:

Primero: a los que me leeis pero no os pasais por los blogs que tengo linkados, ya estáis entrando en el de Corde si queréis leer todos los capítulos del viaje a NY (con escala en Londres, dato importante). Segundo: me he comprado un camarón de la isla (de la isla de Manhattan) que allí están muy baratos (no ocurre lo mismo con las chirlas y los mejillones) y espero empezar esta noche a subir las fotos a photo.net. Cuando estén os aviso.

Ahora sí: Lunes, 17 de Marzo de 2008, día de San Patricio. Aunque es el patrón de Irlanda, una de las mayores celebraciones y el mayor desfile del mundo ocurre en NY: una marcha por la 5ª avenida en la que participan más de 150000 personas (esto la acabo de leer en la wikipedia, pa que veais que me documento cuando escribo). No podíamos dejar de aprovechar esta circunstancia, y el hecho de vivir a pocos minutos de la 5ª avenida a la altura de la catedral de San Patricio, para acudir a participar de semejante fiesta popular. Además del desfile, el día se caracteriza por que la gente viste de verde, se pinta de verde, se pone sombreros verdes, y llena los pubs al mediodía para estar borrachos como cubas a las 5 de la tarde. Lo primero era adecentarse un poco así que nos compramos el atuendo básico (sudaderas verdes, gorro verde). Pero hete aquí que llegados a la 5ª avenida se cruzó con nosotros uno de los verdaderos protagonistas del viaje: el consumismo compulsivo. La cosa empezó mal, lo primero que te encuentras llegando por la 52 (nuestra calle) a la 5ª avenida, es la tienda oficial de la NBA. Corde se emocionó al verlo (quién nos iba a decir que varios días y muchas camisetas después terminaríamos por huir de este sitio) pero como quiera que faltaban 20 minutos para que abriesen y la climatología (no) acompañaba (los paréntesis son porque Corde y yo tenomos la percepción térmica algo diferente), decidimos continuar camino de la tienda del camarón para ir comprándolo antes de que empezara el desfile. Así empezaron las compras ese día y terminaron junto al puente de Brooklyn cargados de bolsas hasta las trancas, parando un taxi, y habiéndonos perdido todo el desfile, que ya había terminado. Y es que todo es taaan barato que hasta DVDs vírgen y tinta para la impresora nos hemos traído. Curiosamente, a pesar de los bajos precios nuestras cuentas bancarias han terminado muy perjudicadas.

Mismo día, por la noche, Carnegie Hall, The Chieftains cerrando la gira estadounidense. Entre el público: Corde, su hermano Javi y yo. El escenario espectacular, el concierto maravilloso. Aparecen artistas invitados, gente que baila step y bailes similares de forma impresionante, cantantes, violinistas, un gaitero escocés... de todo, sólo faltaba la niña los peines. La última canción, un popurrí de media hora donde participaron todos los invitados anteriores, más bailes, solos de todos los instrumentos... Termina. Después de este final apoteósico no puede haber bises, comentamos. Craso error, vuelven a salir ahora acompañados de una banda inmensa de gaiteros escoceses que rellenan todo el fondo del gran escenario semicircular. Empiezan, aparecen las de los bailes, se cogen de la mano formando una cadena, muestran el paso y empiezan a descender, avanzan por los pasillos invitando al público a introducirse en la cadena. Corde, sentada junto al pasillo inmediatamente se mete entre los primeros de la cadena, yo saltando por encima de Javi, me uno pocos puestos por detrás de ella. Vamos recorriendo los pasillos de la platea mientras la serpiente se hace más y más larga, vuelven a subir y me veo sobre el escenario del Carnegie Hall, bailando (es un decir) junto a los Chieftains. Impresiona verse ahí, frente a todo el público del Carnegie Hall, en primera fila del escenario. Seguimos moviéndonos, recorriendo, de frente a los gaiteros, la pared del fondo, y luego enrollándonos en espeiral alrededor de toda la banda. Hasta tres vueltas para terminar sobre el escenario todos los que habíamos formado la cadena. Qué maravilla, y Javi estará haciendo fotos y vídeo de todo esto, pienso yo. Otro error, cuando termina la canción me lo encuentro cerca de mí, se había unido a la cadena pocos puestos por detrás. Vuelvo al sitio, el camarón sigue ahí, menos mal. Volvemos a casa no sin antes pasar de nuevo por un pub irlandés.