miércoles, enero 31, 2007

¡Y Voló!

No descubro nada nuevo si digo que no me hace mucha gracia mi trabajo. Pero alguna satisfacción tenía que dar, aunque sea tras cuatro años. Y la satisfacción de alguien que trabaja en el diseño de un avión es verlo volar. Tengo que empezar por explicar de qué va el trabajo, porque no es un avión común, de hecho es el primero de este tipo que se hace en Europa. Consiste en un avión que lleva atrás pegado un palito de unas tres toneladas. En vuelo, este palito se despliega (ver foto) y se controla su posición mediante unas aletas en la punta. Luego se extiende hasta aproximadamente el doble de su longitud (es telescópico, pero en la foto sale retraído) y cuando está así, se mete por un agujerito que tiene otro avión. Una vez acoplados los dos, le transfiere varias toneladas de combustible. Luego se desacopla y se recoje. Como veis, todo tiene un símil sexual claro (y más si cuento que yo en concreto tengo que usar un stick que vibra), pero en realidad a mi todo esto de los aviones copulando no me mola nada.

Bueno, pues a pesar de ello ayer pasé nervios. Fue el primer vuelo, el del la foto. Al fin y al cabo es un año trabajando en esto (vale, tampoco me he matado a trabajar, pero algo he hecho) y en total son más de cuatro años años del trabajo de cientos de personas para poner esto en el aire, y ya que uno se lo ha currado, lo suyo es que vuele ¿no?, bueno, y especialmente por la gente que iba dentro (incluso teniendo en cuenta que uno de ellos es mi jefe). Por muchos cálculos que se hagan, uno nunca termina de creerse que eso vaya a volar hasta que no lo ve. Durante la mañana el departamento era un hervidero de nervios. Después de comer el avión despegó y fuimos a la sala de reuniones a seguir el vuelo en directo. El vuelo se filmó desde otro avión que nos transmitía la imagen, así que pudimos ver todo según ocurría, además de ver todos los datos del vuelo, que llegaban por telemetría y escuchar las conversaciones. Las comunicaciones eran bastante malas y teníamos muchísimas pérdidas de señal, pero en cuatro horas de vuelo dio tiempo de sobra a ver todo funcionar. Una vez vi que eso subía y bajaba y se extendía bien (tras unas dos horas) me fui. En la sala había botellas de cava y unos pastelitos que tenían muy buena pinta. Yo pensé en abrir las botellas cuando vimos que el avión volaba con el cachirulo desplegado, pero parece ser que ahí el cava no lo tocaba ni dios hasta que el avión hubiese aterrizado (también tiene su lógica) así que me fui a mi casa. Por lo que se ve hubo fiesta y esta mañana el departamento también parecía una fiesta, con todo el mundo sonriente y más animado de lo habitual, y sobre todo mucho más tranquilos. Al fin y al cabo todos nos hemos quitado un peso de encima después de lo de ayer.

Hoy la canción va sobre volar, claro, aunque en otra época, donde esto de la aviación era algo más romántico.

domingo, enero 28, 2007

Nochevieja en Macondo




Tengo intención de postear poco a poco sobre los episodios de mi último viaje a Rusia. En esta ocasión volvemos al consabido Macondo (Madame, he decidido retrasar uno o dos posts lo del tele-sushi). Los dos días anteriores fueron una locura comprando regalos, especialmente porque Julia estaba en la cama con gripe y necesitábamos su voz para nochevieja, por lo que tuve que ir solo a comprar varios regalos, con malentendidos incluidos (tengo que mejorar mucho mi ruso). Compramos regalos para unas 40 personas y recibimos regalos en consecuencia, por lo que me costó tanto o más que a la ida hacer el equipaje de vuelta. A pesar de todo prefiero comprar 40 regalos de navidad en Rusia que 5 en España. Pero volviendo a la nochevieja: todo está listo para salir de casa, el taxi debe llegar en 15 minutos (entre instrumentos, regalos y comida, imposible ir en transporte público), cuando llama Tatiana (la "jefa" de todo el cotarro) y dice que está enferma y no puede ir. En fin, una verdadera lástima. Llegamos allí, y las típicas risas con la cara del taxista cuando le indicamos el camino hasta la puerta y ya delante de ella nos sigue preguntando que si a la derecha o a la izquierda, porque la puerta en sí es tan cutre que nadie pensaría que detrás de eso se encuentra un lugar habitable por seres humanos (lo que no imaginaba es el lugar tan increible que hay tras esa puerta). Entramos, enuentro con mis amigos cubanos, con los peruanos, con una pareja maravillosa de amigos brasileños, que habían venido para pasar la nochevieja en Macondo, con otros amigos de Azerbayan, con los niños de Grenadita, con sus padres, los abuelos... mas de cuarenta personas de distintos paises y edades pero con muchas cosas en común. Empezamos a montar todo, a ratos me dedico a la decoraión, a ratos a montar un escenario leno de micrófonos e instrumentos, prueba de sonido.... Rápidamente todo está listo. Tocamos (me supero a mí mismo con dos nuevos instrumentos: el cencerro y los cascabeles, como veis ya voy camino de convertirme en otro supermultiinstrumentalista de Grenada) bailamos... La gripe de Julia desaparece al instante, canta y toca tan bien y con tanta alegría y tanto sentimiento como siempre (aunque la gripe volvería tras la fiesta). Muchos amigos también muestran sus habilidades (cantando, tocando, bailando y hasta recitando)... no tienen más remedio si quieren que Ded Moroz (interpretado por el brasileño) y Snegurochka (interpretada por Olga) les den sus regalos... y de repente, ¡menos cuarto! Todos corriendo a la otra sala, la mesa está preparada. Discurso de Victor, el pianista, en el que recordó, por supusto a Sergey. A mas de uno se nos saltaban las lágrimas (esto me pasa por estudiar ruso). Ponemos el champán (¡no!, ¡era cava catalán!, en serio) y todo el mundo se prepara para escuchar a Putin en directo desde el reloj del Kremlin. El tío viene a decir algo así como "en estas fechas tan entrañables, que colman de felicidad y dicha mi corazón, quieo desear al gran pueblo ruso unas fiestas muy felices......... blablabla" así unos cinco minutos (parece ser que todos los años dice lo mismo). No es la primera vez que veía esto pero sí la primera que le entendía casi todo y yo flipándolo. Antes, por su cara, pensaba que intentaba hablar de cosas "serias", pero no, simplemente dice frases como esas, sobre la felicidad y la alegría, pero con el mismo tono y la misma expresión que usaría para declarar la guerra, vamos, con su cara y su voz de siempre. En fin, ya que es un cínico (entre otras cosas), casi se agradece que no intente disimularlo. Después de este emotivo discurso presidencial, las campanadas, que también tienen cuartos, pero como Putin no nos lo había advertido (para esto prefiero a Ramón García, dónde va a parar) pues empecé antes de tiempo. Menos mal que había uvas de sobra. Como podreis imaginar los otros 39 no comían ni uvas ni nada, pero se lo pasaban muy bien mirándome y comentando la jugada mientras yo les gritaba con la boca llena que riesen un poco más bajo que no me dejaban oír las campanadas (lo cual era motivo de más risa). Y después... ¡a comer! Típica mesa rusa, con mucha más comida de la que podríamos soñar con comer (esto es lo que no me hace mucha gracia de la mesa rusa, siempre sobra mucha comida, aunque la verdad es que nos ahorró tener que cocinar durante unos días), con sus "bocatas" de caviar, sus ensaladas riquísimas, sus pepinos mediosalados (no se me ocurre mejor traducción) utilísimos para el vodka, su mortadela rusa (Julia se atreve a compararla con nuestro jamón serrano, lo que me cabrea bastante). Pues nada, a comer, y claro, a beber vodka, a lo ruso. Esto es, a base de chupitos, durante la comida, brindando cada dos por tres, comiendo estos pepinos después del chupito (con lo que se reduce mucho el efecto del alcohol), y claro, la botella hay que terminarla y luego dejarla debajo de la mesa (en Rusia no puede haber botellas vacías en la mesa). Así que nos plimplamos una de vodka básicamente entre Anton y yo (el Grenadino medio no se distingue por su afición al alcohol, aunque hay excepciones), con ayuda del colega peruano. Luego, después de la cena, Antón abrió otra de vodka ucraniano (rojo y bastante más fuerte) mientras el grupo seugía tocando, pero claro que esta no la pudimos terminar, por mucho que atentase contra la tradición. El resultado fue, Davidik, pedo moderado, Antón, a gatas. Como lo leen, puedo presumir de haber tumbao a un auténtico ruso bebiendo vodka. Sigo esperando la medalla... Luego llegó el ansiado momento de salir a tocar mis dos canciones con la balalaika (me costó dos intentos empezar, por eso del alcohol) pero cuando arranqué no lo hice mal, creo. Y bueno, así toda la noche, aunque a última hora la música ya no era en directo (que los músicos permanentes del grupo también tienen derecho a bailar y a descansar).

Las dos canciones que dejo hoy están compuestas y grabadas por Sergey. La primera dedicada a todos los profesores y la segunda a los hermanos Grimm. Ojalá todos pudierais entender las letras. También os recomiendo (y no porque cante Julia... bueno, sí) "Moi Angel" y "Kogda Plivet Luna", otras canciones geniales de Sergey.



domingo, enero 21, 2007

Los exámenes de la UNED


Sí, ya lo sé, otra vez Davidik poniendo excusas... si el caso es no actualizar... Pero entendedme, es que no consigo acostumrarme a la UNED. Lo de no ir a clase está muy bien, porque de otra forma no podría hacer la carrera (por el curro), pero es que durante el curso ¡ni me acuerdo de que soy estudiante! Esta vez me acordé por primera vez antes de ir a Italia (con más tiempo que nunca), me llevé los libros, pero sólo los abrí en el avión de ida (en el de vuelta estuve hablando con los vecinos), después, el curso de fotografía, luego me llevé los libros a Rusia, pero ni en el avión los toqué. Y ahora estoy como todo estudiante que se precie, intentando estudiar toda una asignatura en tres días. Y en la primera carrera vale, porque había que sacarla como fuese, pero en esta (físicas) mira que me jode, porque pretendía todo lo contrario. Pensaba estudiarla poco a poco para asimilar todo bien (se supone que la estudio pr gusto), y al final termino como antes, estudiando para aprobar. El caso es que cuando me pongo con la asignatura veo que me gusta y que ojalá hubiera empezado antes para profundizar más en el tema, pero ya es demaiado tarde para profundizar, cuando uno tiene el examen tres días más tarde. En fin, lo dicho, más yolki-palki tras el examen del miércoles. Voy a ver si puedo hacer en problema antes de cenar... Besos.

martes, enero 16, 2007

Гренада (Grenada)



Siempre hay tanto que contar de Rusia, de cada viaje, que nunca sé por dónde empezar. Por otro lado no quiero aburrirles hablando siempre de este país, así que intentaré ser breve. Como muchos ya saben, el primer motivo de mis frcuentes viajes a Moscú se llama Julia (Юлия). El segundo motivo se llama Grenada, que incluye a mis amigos de allí y a Julia de nuevo ya que se puede decir que ella es la directora musical hoy en día. Intentaré resumir qué es Grenada (sí lugh, te dejo que te saltes varios párrafos).

Grenada es un grupo musical ruso que graba discos, da conciertos... lo típico. Durante más de 30 años fue un grupo de siete personas, que tocaba música folk de todo el mundo por todo el idem. El que fue su director musical hasta su muerte en abril del 2006, Sergey Vladimirsky, era el músico más increible que he conocido. Podría hablar de su colección de más de 700 instrumentos de todo el mundo (todos los tocaba desde el primer momento, incluso aunque nunca los hubiese visto antes), sus actuaciones en el Royal Albert Hall de Londres, sus programas de televisión con los que viajaba por el mundo presentando instrumentos de cada pais y tocando con sus músicos, sus buenísimos métodos de enseñanza, sus composiciones geniales, sus libros... Pero lo mejor de él es que aunque podría haber sido mucho más famoso aún si hubiese querido, nunca buscó rodearse de grandes músicos. Prefirió rodearse de grandes personas y enseñarles. En general era una persona muy cercana siempre dispuesto a mostrarte y contarte lo que quisieses, relacionado con la música. Así, no tuvo problema en enseñar música a niños pequeños, creándose así el grupo Grenadita formado por sus alumnos y más tarde por alumnos de sus alumnos. Mientras Grenada sacaba discos y tocaba por el mundo, los niños de Grenadita aprendían música y la cultura musical de otros paises. Grenadita fue creciendo y aprendiendo. Poco a poco algunas personas (como Julia) fueron pasando a tocar con Grenada y con menos de 20 años daban conciertos en España, Escocia o Grecia. Ese Grenadita ya es parte de Grenada, que ahora es un grupo mezcla de dos generaciones. La tercera generación, el Grenadita actual, vuelven a ser niños pequeños.

Todo esto es obra de Sergey, como lo es que Julia tenga y toque más de 40 instrumentos. Pero no puedo dejar de hablar de Tatiana Vladimirskaya, esposa de Sergey. Esta mujer, latinoamericanista y profesora de Español es la culpable de que mis amigos no sólo toquen música de todo el mundo, sino también de su inmensa cultura etnográfica, de que entiendan la música y en general la cultura de los otros paises gracias al club Descubrimiento del Mundo que ella creó. Gracias a esto han tenido la oportunidad de conocer e invitar a su club a embajadores, presidentes, cosmonautas, o gente como Aleide Guevara (hija del Che). Gracias a ella han podido aprender a tocar la tabla de manos de los maestros indios y el borham de manos de los músicos escoceses. Gracias a ella tienen muy buenos amigos en lugares tan diferentes como Canadá, Cuba, India, Grecia, Suecia, Escocia, Brasil... y son invitados a tocar y a vivir con ellos, al igual que ellos reciben en Moscú a grupos extranjeros de todo tipo. En definitiva, una vida llena de actividades interesantes. La última maravilla es un local que les han prestado unos amigos maestros fabricantes de instrumentos musicales, que han llamado Macondo. Antes de entrar uno ya tiene la sensación de ir a entrar en un lugar clandestino. No hay ningún cartel ni nada en la puerta, que por otro lado casi ni se ve. Es tan complicado hallar la entrada que hay que indicar a la gente que no lo conoce cómo llegar a la calle principal y quedar allí con ellos. Por dentro, encontramos un trozo de América Latina en pleno Moscú. Tenemos a don José Arcadio en su hamaca, la vieja máquina de escribir, instrumentos musicales como el cuatro (la tristeza de Aureliano), los violines (la belleza de Remedios), guitarras (las pasiones de Amaranta) y oboes (el embrujo de Meliquiades). También un salón, una barra de bar, mesas con capacidad como para que más de 40 personas pasemos allí una nochevieja... Como ejemplos diré que mientras yo estuve allí tuvimos la fiesta de Panamá, con la presencia del embajador (una persona maravillosa, lejos del típico diplomático estirado) que quedó sorprendido de ver a un grupo de rusos que sabían todo sobre su pais y que tocaban canciones panameñas... Este hombre ha decidido contratar a un equipo de documentalistas para que hagan un documental de todo esto y se emita en la TV panameña, y va a hablar con sus colegas de otras embajadas latinoamericanas para que también lo emitan en sus paises. La nochevieja la pasamos con amigos tan diversos como una pareja brasileña que había llegado a Moscú para cuatro días (no tenían más vacaciones) sólo para pasar esta noche con ellos. Además ya no se pierde ni siquiera los ensayos de los martes. También podría hablar de la tarde de poesía, del concierto en la Universidad...

Me parecía que para hablar de lo que es mi vida en Rusia tenía que empezar por hablar de Grenada, para que se pueda entender mejor por qué hago tantas cosas cuando llego, por qué tengo tan buenos amigos allí... Bueno, pues ya lo he contado, muy muy resumido, aunque no lo parezca, porque se pueden contar millones de cosas, pero espero que baste para poneros un poco en contexto para próximos posts. Como estoy en el trabajo no puedo poner fotos ni música ahora, lo dejo para futuros posts.

Editado: acabo de encontrar una foto de Julia y Sergey en el ordenador del curro, así que edito el post para ponerla. Es durante un descanso en la grabación de un programa infantil de televisión en el que mostraban los instrumentos del mundo a los niños.

domingo, enero 07, 2007

Uno rapidito

El primer post del año ha de ser corto (en comparación con lo que me suelo enrollar), sin fotos ni radioblogs, porque por aquí el tiempo siempre apremia. Así que haré porco más que dar señales de vida y prometer que desde Madrid, dentro de poco más de una semana (no puede ser! el tiempo aquí siempre pasa volando!) intentaré contar todo como es debido. Digo intentaré porque he pasado bastantes días inolvidables que merecen de sobra un post para ellos solos y mucho más que eso, pero no hay tiempo. Intentaré, desde España, hacer posts individuales para estos días, pero como al llegar a España tengo los exámenes y aquí estoy estudiando menos de lo previsto (es decir, lo previsible)... pero lo intentaré, porque de verdad está siendo, muy posiblemente, el mejor de mis 7 viajes a Rusia (no tengo en cuenta el primero que fue completamente otra historia). Bueno, ahora tengo que salir corriendo, como siempre, esta vez a visitar al padre de Julia, que es todo un personaje, ya os contaré (espero). Me despido ya, sin haberos contado nada, pero antoes os digo, eso sí, que siento no estar comentando en vuestros posts. En esto sí que me voy a poner al día el mismo lunes 15 desde el curro. Besos desde un Moscú nada frío.