lunes, mayo 28, 2007

Ejerciendo nuestro derecho al voto...

O mejor dicho, haciendo (aún con pinza en la napia) lo poco que estaba en nuestra mano para evitar lo inevitable en Madrid, el caso es que el domingo fui a votar con mis abuelos y pasé una de las mejores mañanas que recuerdo en mucho tiempo. No es lo que parece, me explico: Algunos ya sabéis que mi abuelo (con quien vivo) está malito y se fatiga tanto al andar que no puede ir por su propio pie más lejos que del salón al baño y de éste a la habitación (y no es que vivamos en una casita como la del príncipe). Total, que llevaba casi un año pisar la calle, todo el día sentado en el sofá, con la tele puesta, o (menos mal que puede continuar con una de las muchas cosas que le gustaban hacer) pintando. Así que un día compramos una silla de ruedas para sacarle de paseo. Pero en parte por fatiga y en parte por depresión, o por miedo (a la calle y a la silla), siempre que yo le ofrecía salir a dar una vuelta me decía que no. Menos mal que llegaron las elecciones, y como lo de votar para mis abuelos es más que sagrado, allá que fuimos (bueno, y que son de izquierdas, que si no le iba a llevar a votar Rita, jeje...). Así que cargué la botella portátil de oxígeno hasta arriba y poco a poco fui solventando los problemas normales que le surgen a un novato como yo cuando se pone a conducir sillas de ruedas (meterla en el coche, los bordillos...). Después de votar se animó a que le diese un paseo por un parque, luego a un paseo en coche por todo Villalba, que está irreconocible (para él). "¡Has visto! Han puesto aquí una fuente...". "Sí papá, la veo a diario desde hace un año...", etc. Volvió, como siempre ha hecho, a contarme batallitas poniendo como excusa cualquier cosa que nos encontrábamos "Con ese tipo de piñas, los chicos hacíamos unos puros que..." (ya veis, por entonces se fumaban las piñas, tengo que volver a ese parque), esas batallitas que alguna vez se me llegaron a hacer excesivas y que ayer me dí cuenta de que en el último año las he echado de menos. Tanto se animó al final que nos fuimos de bares, a tomarla (para nosotros cerveza, para mi abuela un vino, y una de bravas para los tres).

Pues eso, no es por esas chorradas tipo "la fiesta de la democracia" que se suelen decir, y menos por los resultados, pero el caso es que el domingo mi casa fue todo un fiestón, y falta nos hacía. La foto es de mis abuelos hace poco más de dos años en Maldon, el pueblo donde vive mi madre, cerca de Londres. La música es del amigo Vinicius.


PD: Como todos los años por estas fechas se me echan encima los exámenes de la UNED con el agravante de que empieza photoespaña el miércoles, me he apuntado a seminarios, conferecias, ya me están pidiendo que prepare portfolios impresos para el taller del final de junio... Vamos, que me agobio mucho, así que actualizo poco en junio ya sabeis por qué es.

jueves, mayo 24, 2007

De exposiciones por Madrid

Últimamente me he jartado a exposiciones. Como no suelo tener mucho tiempo para esto, lo que hago es que si por ejemplo salgo del trabajo a las 5 y he quedado con alguien a las 8 en Madrid (lo que últimamente ocurre con bastante frecuencia), para hacer tiempo, me veo una exposición, o dos. Es lo bueno de vivir tan lejos que no merezca la pena pasar por casa. El caso es que últimamente he tenido la suerte de ver unas cuantas muy buenas. Dos de ellas me han gustado especialmente. Si os interesan, daos prisa, ¡ambas terminan este fin de semana!!!!

Maras: La cultura de la violencia. De Isabel Muñoz (entrevista, fotos, más fotos, video buenísimo). Toda la obra de esta mujer es realmente fascinante. Son fotos absolutamente perfectas. Platinotipias giganescas (sales de platino en papel de acuarela) que dan unas texturas y unos tonos metálicos como no he visto en otros fotógrafos. Sobre todo, Isabel Muñoz consigue sacar del cuerpo humano todo lo que éste es capaz de expresar, que es muchísimo. La exposición se acompaña de un vídeo y textos escritos por ella donde analiza y trata de explicar el por qué de este fenómeno desde su punto de vista. La verdad es que no sabía casi nada sobre esta gente, criada en un ambiente de violencia y muerte continua, y de pobreza. Sus tatuajes son como un libro, un código secreto que contiene toda su vida. En las cárceles de El Salvador hay más de 35.000 mareros. Asesinos muchos de ellos. Sus tatuajes indican cuál es su mara (la dieciocho o la salvatrucha, las cuales se odian mutuamente a muerte) y muchas otras cosas, en forma de lágrimas en los ojos, tumbas, escenas de sexo y hasta de humor... Las imágenes impresionan, sin embargo, sus rostros no me transmiten ninguna maldad. Simplemente se ve que en una sociedad que no les ha ofecido ninguna alternativa, todo lo que tienen es aquello con lo que nacieron. No les importa morir. Para ellos su mara lo es todo, y serían capaces de matar incluso a su familia si la mara se lo ordenase. Es interesantísimo escucharles en el vídeo, ver cómo cuentan su historia (especialmente las mujeres) y cómo se relacionan y se dejan fotografiar por Isabel. Mientras el gobierno trata de frenar esto tan solo con leyes cada vez más duras (por ejemplo ahora les pueden enviar a la cárcel sólo por llevar un tatuaje de las maras), el problema sigue creciendo y ya no hay sitio en las cárceles para tantos. Desde luego este trabajo es un retrato perfecto del fracaso de unos gobiernos y unas sociedades (lo que, por supuesto, no justifica sus crímenes).

Madrid Inmigrante: Sólo por pasear por dentro del depósito de aguas del Canal de Isabel II merece la pena esta exposición. Seis fotógrafos muy diferentes hacen seis aproximaciones distintas sobre la inmigración en Madrid. Uno se mete totalmente en la vida diaria de las componentes de un equipo de futbol femenino ecuatoriano, otro descubre la vida de la comunidad marroquí de la mano de Hakim, otro capta el momento preciso, como diría Bresson, en las celebraciones de fiestas populares latinoamericanas, otro se muere por encontrar un chino que se deje fotografiar... Todos plantean su trabajo de forma completamente distinta (que por cierto explican muy bien en los textos) y utilizan distintas técnicas y formatos. Pero todos ellos reflejan cómo estas personas se integran mientras que al mismo tiempo tratan de conservar sus raices, cómo añoran su tierra, su familia, cómo luchan por salir adelante y sacar adelante a los suyos, los que han venido con ellos y los que se han quedado. Toda la exposición se ve muy sincera, pero sin dramatismos. Les podemos ver celebrando sus fiestas tradicionales, en sus trabajos, en las discotecas, en los locutorios (muy interesante un trabajo sobre locutorios en que se exponen sus conversaciones por messenger y las fotos que se envían y reciben). La edición de la exposición es genial. Distribuida a lo largo de la torre que lleva al depósito de aguas, cada piso muestra la obra de un fotógrafo, hasta terminar dentro del depósito con el equipo campeón de liga de futbol femenino. Ahí podemos esuchar grabaciones de sus voces, que hablan de trabajos de 16 horas diarias que ningún español quiere hacer, de una mujer que más que de la pobreza huyó de las palizas de su marido... y también del equipo de futbol, que simboliza su amistad, sus momentos felices, en definitiva lo que da un sentido a sus vidas.
Desde el punto de vista fotográfico, absolutamente genial, como siempre, Cristina García Rodero, retratando la latinoamérica que buye en el corazón de Madrid. También el belga Carl de Keyzer, con su trabajo en color sobre los chinos, ha sido todo un descubrimiento para mí. La foto que pongo aquí es suya y está tomada en un colegio chino en Madrid.

Dejo a Albert Pla para otra, que ahora no lo tengo a mano. La primera canción no necesita presentación, espero. La segunda la acabo de encontrar poniendo "maras" en radioblog. No tiene nada que ver con las maras salvadoreñas (no entiendo el árabe, pero por el tono no parece que hablen de eso) excepto el nombre (no, no esperaba encontrar una canción sobre las maras, lo busqué por hacer algo), pero el caso es que la canción está bien, así que la pongo.

martes, mayo 22, 2007

Cómo pasa el tiempo

Ya veis, Davidik anda melancólico. Hay quien dice que uno empieza a sentirse viejo cuando se te empiezan a casar los amigos. A mi eso no me afecta casi nada, la verdad, aunque es cierto que muy pocos de ellos se han casado.
Hace pocos meses fui a conocer a Guillermo, el niño que han tenido mis buenos amigos Oscar y Noelia. Y el sábado fui a Valladolid a conocer a Adara, una criatura preciosa que ha tenido mi amiga Nenyavië. Esto sí que me afecta mucho más. De repente te encuentras que esas personas con las que tantos momentos has compartido desde hace diez años, ahora tienen una personita a la que alimentar, luego la tendrán que llevar a la escuela, más tarde tendrán que soportar el pavo... de la noche a la mañana les cambia la vida completamente. De repente esos diez años parece que han pasado como un rayo, y a tus amigos ahora les ves completamente en otro mundo. Claro que a un hijo hay que dedicarle todo el tiempo del mundo, renunciando a muchas cosas, pero cuando ves la recompensa te das cuenta de que casi todas las cosas buenas que tienes en la vida no son nada comparado con eso. En fin, que me dan envidia, y que creo que se me está despertando el instinto paternal. Pero vamos, se me pasará (más me vale, porque de momento...).
En el otro post os dejé sin musica. Como siempre intento poner algo que tenga que ver con el post, hoy os pongo una nana celta que me gusta mucho.

jueves, mayo 17, 2007

La visita a Corde


Sobre algunos hechos del viaje a Tenerife, por vergüenza propia y ajena, sus autores prefieren permanecer en el anonimato, así que no diré quién hizo qué cuando cuente cosas como que alguien perdió las llaves de casa y sólo podíamos entrar y salir por el garaje y en coche; o que alguien pretendía pasar el coche entre dos pedruscos, y otro alguien pidió vigilar la piedra izquierda, aprovechaando este preciso momento para rayar el coche con la derecha; o que alguien sale de casa justo con lo necesario para no poder volver a entrar sin llamar y tampoco dejar salir a quien se queda dentro, y además sin monedero ni documentación; o que hay quien corta tomates con cuchara aún teniendo un cuchillo al lado... y así un larguísimo etcétera. Vamos que nos hubiera venido muy bien contar con algún miembro serio y responsable de la secta... (ay, no se si tenemos de eso...). El caso es que Corde ha conseguido aguantarme durante cuatro días, a pesar de mi insomnio crónico, de que le cambie todo en el ordenata..., bueno, y yo he conseguido aguantarla a ella, que también tiene lo suyo.

Tenerife me ha gustado. Es una isla muy bonita, por ejemplo, para pasar cuatro días, pero desde luego no para vivir un año. Las playas están muy bien y no están muy masificadas (supongo que en verano es otra cosa). La subida al Teide creo que es muy bonita, aunque a mí sólo me pareció muy blanca. Corde nunca me perdonará haberla hecho subir con semejante niebla. El propio pico del Teide y la bajada (por otro lado) sí la pudimos ver y me gustó. Los garitos interesantes brillan por su ausencia, exceptuando una tetería con una danzarina del vientre que, especialmente por mi llegada, desapareció. Ah, y algo que no puede faltar en toda crónica de viaje, es la cerveza. Hay dos marcas locales, a saber, Dorada y Reina. Dorada estaba tan mala que no me atreví a probar Reina y me pasé directamente a la Heineken.

En cuanto a la gente: Los isleños son gente tranquila, demasiado tranquila, y, entre otras cosas, parcos en explicaciones, lo que, unido a nuestro defectuoso sentido de la orientación, es bastante desesperante. En cuanto a personas concretas, uno, que tiene amigos hasta en el infierno, otra vez tenía un amigo local con quien encontrarse. El problema es que un cúmulo de circunstancias propició que el encuentro se produjera en condiciones surrealistas. Corde, convaleciente por culpa de una empanada de carne. Un amigo bastante peculiar de Corde (del que no daré más detalles no sea que lea el blog y no le guste lo que digo) decide tomar unas cañas conmigo. Y entonces aparece mi amigo y, bueno, la "conversación" entre los tres resultó, pues eso, una de las más surrealistas de mi vida. Pero sobre eso, mejor no doy detalles por lo que ya he dicho. También conocí a una pareja argentina muy maja.

Sobre las fotos... bueno, creo que tengo que hacerme aún con la nueva cámara, que la estrené allí. Menos mal que la camarera del último bar en el que comimos debía de ser una fotógrafa superexperta y nos hizo la única foto que tenemos con la que los dos estamos conformes, porque ya me veía currándome un montaje en fotochoff, ¿a que estamos guapos?

En definitiva, que a mi me ha encantado el viaje, que Corde es una anfitriona maravillosa (si no lo digo me mata) y, aunque con mi manía de querer ver muchas cosas la he dejado para el arrastre, yo creo que en el fondo también se lo ha pasado bien. Pues nada más, que luego Corde se me queja de post largos. Para la siguiente a ver si nos apuntamos alguno más...

domingo, mayo 06, 2007

De tó un poco

Habréis notado que para variar no estoy manteniendo muy actualizado el blog. Lo de no tener mucho tiempo para el blog es un círculo vicioso porque las cosas que a uno le pasan en la vida siguen pasando igualmente, aunque no actualices, entonces se van acumulando las cosas que quieres contar y por consiguiente aumenta el tiempo necesario para contarlas... en fin, que voy a actualizar el blog de golpe con esta especie de post de posts. Así podéis elegir tema para los comentarios. Sí, va a ser larguísimo, ¿algún problema?

- Aachen, Maastricht, Dusseldorf, Colonia, Munschau...

Pues sí, en todos estos sitios estuvimos. El viaje fue una pasada por varios motivos. Primero porque con una anfitriona tan maravillosa como Vane y unas compañeras de viaje como Elena e Inés es imposible no pasarlo muy bien. Segundo porque me encantó encontrarme con mi amigo Stefanos, que hacía años que no veía. Y cantar con toda la comunidad latinoamiericana de Aachen en la plaza de la catedral, y conocer a los amigos de Vane en Dusseldorf, y pasar el día con Leona en Maastricht, y encontrarnos en Munschau con Nacho y su chica, Linda, recién llegados desde Amsterdam para pasar con ellos los últimos días del viaje, aunque tuviésemos que hacer auténticas maravillas de logística para dormir los seis en la habitación de Vane. Tercero porque nos hizo un tiempo tan bueno que si nos descuidamos volvemos rojos cual alemán en Mallorca. Los cinco días, con sus correspondietes noches, andábamos en camiseta de manga corta y hasta nos tiramos en la playa del Rhin en Dusseldorf. Cuarto, por los efluvios cerveciles y herbáceos que nos invadieron (por cierto me encantó la cerveza vieja de Dusseldorf). Quinto por las fiestas debidas al día de la reina en Holanda. Entre otras cosas había un festival y terminamos (bueno, en realidad terminar, terminamos en el coffee shop) bailando como locos en un concierto de un grupo llamado Gasolina y por algún motivo todas las camaras de TV que había por ahí se ensañaron con nosotros. Esa noche también había fiesta en Aachen, y descubrimos que los Alemanes están muy pero que muy locos. Además de ver cosas tan curiosas como gente que sale de farra por la ciudad en tractor con remolque, lo mejor fue ser testigos de la romántica tradición de dejar un arbolito con cintas de colores, como el de la foto, en el balcón y frente al portal de la mujer amada, en la noche del 30 de abril. Los primeros días de mayo la ciudad queda muy colorida con árboles por todas partes. La operación para colocar el árbol de esta foto requirió de un gran despliegue técnico incluyendo antorchas con fuego y hasta un técnico de sonido encargado de transportar el radiocassette y ambientar toda la operación con la música de McGyver y Rocky.

- Sigo fotografiando

Los campus de fotoejpañña me han obligado a presentar un proyecto fotográfico, es decir, una serie de fotos que guarden una relación entre sí (que por cierto es como quiero que sean a partir de ahora todos mis trabajos). El caso es que no tenía tiempo de ponerme a hacer las fotos, así que tenía que apañarme con lo que tenía, lo que es un problema, porque no es fácil preparar una serie temática con fotos que no han sido hechas para relacionar unas con otras. Al final junté mis fotos sobre música y edité un trabajillo usando fotos de Julia en plena grabación, músicos en la calle y fotos de conciertos, y más o menos daba el pego. El caso es que parece que al final les ha molado y me han seleccionado para el taller de 35 horas con Gilles Peress, uno de los mejores fotógrafos del mundo dentro del reportaje. El tío ha sido durante muchos años director de la famosísima agencia Magnum y ha hecho reportajes impresionantes en Bosnia, Irán e Irlanda del Norte. El único problema es que voy a tener que hablar muy seriamente con mi jefe porque esto me obliga a coger una semana de vacaciones y si no quiero que mi verano en Moscú se quede en nada tengo que conseguir que me dejen compensar días en horas... bueno, es una movida un poco complicada y aburrida así que paso de explicarla, pero ya veré como lo hago, que yo no me quedo sin mi taller.

Continuando con la fotografía, os presento a mi penúltima criatura, una Brónica SQ-A de 6x6. ¿A que es preciosa? La última es una EOS 400-D que tengo desde ayer y me gusta mucho pero no es tan bonita. Bueno, he decidido que puesto que no pretendo montar un museo sobre historia de la cámara fotográfica (y puesto que se ha acabado el presupuesto hace tiempo), voy a parar de comprar cámara. Ya sólo me queda, para cuando vuelva a ahorrar, dentro de bastante tiempo, los focos.

Por último, una agencia, que no tengo ni idea de dónde ha sacado mis datos, me ha propuesto ser fotógrafo freelance. Desde que leo a Madame M, lo de freelance me suena muy mal, pero supongo que mientras no deje de hacer aviones, llegaré a fin de mes. En fin, que parece que todo lo relacionado con la fotografía me va muy bien, excepto que todo esto consume un tiempo que no tengo ni por asomo. A este paso veo que un día mando los aviones a la mierda...

- Mi primer bodorrio chispas

Al menos el primero de un amigo mío. Como era más que previsible (de la mayoría de mis amigos no lo esperaría, pero de este estaba clarísimo) ha sido, pues lo que viene un bodorrio estándar, con su iglesia, su arroz, su novia de blanco... en definitiva todos esos elementos que no pueden faltar en el "día más feliz de sus vidas" y que me dan mucho ajquito. A ver, que a mi me parece muy bien que cada uno se case como quiera y si les mola montar todo el circo que montan, pues genial, pero es que no me entra en la cabeza que a la gente le pueda gustar todo lo que vi ayer. Pero bueno, el caso es que como supongo que a mi colega (el que se ha casado) le haría ilusión que yo fuese, y pensando que entre el alcochol y que iba el resto del grupillo de colegas (los otros cuatro) a lo mejor hasta conseguía pasármelo bien, pues fui. Y así fue. Bueno, en la iglesia no es que me lo pasara bien, pero al menos me entretuve mirando y fotografiando las pintas que lleva la peña (bueno, llevamos, que hasta me tuve que poner corbata), que siempre es algo curioso etnográficamente hablando.

Como el grupo de colegas no es muy amplio, tuvieron que rellenar tres huecos de nuestra mesa con tres individuos que resultaron ser lo más granao del pueblo de mi colega el que se casó y a los que parecía que no les gustaba mi pelo ni las cosas que decíamos. En fin, que no hubo hostias porque soy muy pacífico y porque, aunque para mi gusto esto hubiera aportado una nota de originalidad a la boda (o más bien la única) no creo que les hubiera molado a los novios y sus familias. Y poco más, después de comer me puse a bailar (y continuar bebiendo) hasta que nos echaron, y la verdad es que ahí sí lo pasé muy bien.

Ya dije que sería largo, no se si habreis llegado hasta aquí... Os dejo una canción que simboliza mi viaje por Alemania.