
Al estilo de lo que hicimos con el viaje a NY, y si el teclado de mi nuevo ordenata no acaba con mis nervios antes (cada dos por tres el cursor salta a una posición aleatoria, así que voy a tener que mandarlo de viaje como hizo Madame con su chimo Vaio) contaré, sin orden ni concierto, algunas cosas destacadas del viaje. Es que lo de empezar por el principio (llegada a la India, impresiones de Delhi, largo viaje al Himalaya...) y terminar por el final (cuando casi pierdo el avión de regreso) me da mucha pereza. Mejor os cuento historias sueltas y el que quiera saber más que pregunte.
Eso sí, primero os pongo en situación. Todo empezó cuando hace unos años Julia conoció en Moscú a Alena Adamkova, una mujer eslovaca, doctora en filosofía, que desde hace ocho años trabaja en
Naggar (Himachal Pradesh, India), como directora del
International Roerich Memorial Trust. Esto es: la casa-museo de los Roerich (
Nikolai Roerich pasó aquí los últimos 20 años de su vida), el instituto Urusvati, fundado por su hijo Goerge Roerich hace 80 años,con quienes colaboró gente como Einstein, Compton o Bosé (por deformación profesional me acuerdo de los físicos, pero también hubo grandes biólogos, botánicos...), el museo de arte folclórico del Himalaya, la escuela de arte Helena Roerich (fundada por la mujer de Nikolai y que hoy Alena la mantiene funcionando como tal, usando para ello todas las salas del Instituto Urusvati que no se usan como museo), el Samadi de los Roerich, etc.
Pues bien, la idea de Alena era llevar allí a Julia durante todo el verano para que enseñara música occidental a los estudiantes de música de la escuela de arte, que hasta ahora sólo habían estudiado música clásica india (sitar, tabla, etc). Así Julia se ha hecho con un grupo de alumnos y sobre todo de muy buenos amigos y han formado el grupo de música "Himalayan Eagles". Han aprendido a tocar instrumentos tan poco indios como el saxo o la balalaika, y tienen versiones tan originales como Let It Be con percusión de tabla o Kalinka mezclando danza hindú con el típico baile ruso. Por su parte Julia va todos los domingos a estudiar sitar, danza y canto.
Todo esto no está en el mismo Naggar (de por sí un pueblo de dos callejuelas, literalmente) sino bastante más arriba, en medio de ningún sitio. Y nuestra casa, en plena ladera de la montaña, era la casa de Alena, que realidad son dos casas independientes, una encima de otra. La nuestra era la de abajo.
Nuestros amigos indios son unas personas buenísimas, que nos han ayudado y nos han enseñado muchísimo, y ya los echo de menos. Sobre todo me he hartado a ver templos, tanto hindús como budistas. No es lo que tenía previsto pero es lo que hay en esta zona, por todas partes. Para los hindúes, es un valle sagrado, y por otro lado está lleno de tibetanos (incluido el Dalai Lama que vive en otro pueblo, Daramshala), así que por un lado y por otro la religión está por todas partes. Incluso subiendo a un pico a más de 4000 metros de altura, visitamos un monasterio en el que vivía totalmente solo un monje tibetano. En resumen, el viaje ha consistido en: montaña, religión, música, y muy buenos amigos. En próximos posts os hablaré de todo eso, de los templos, de cómo viven nuestos amigos su religión, sus costumbres, de los conciertos de Julia y de los Himalayan Eagles, etc. En este primer post, y para ir terminando, os hablaré de la medicina tibetana.
La medicina tibetana es un tipo de medicina milenaria, totalmente natural, y que es inseparable de su componente religiosa. Para empezar, dejo claro que soy muy escéptico, y que aunque tanto templo y tanta espiritualidad como ha tenido este viaje me ha parecido algo muy interesante para verlo, no me han entrado ningunas ganas de meditar ni de nada parecido, como, por cierto, hacen muchos de los turistas que se ven por la zona (especialmente por Manali). Pero pensando en su parte química, esta medicina no deja de ser algo que se lleva practicando durante miles de años, y que para muchas personas sigue siendo el único tipo de medicina que usan. Al fin y al cabo, no será por falta de plantas medicinales (empezando por la marihuana, por cierto, que crece por todas partes). Nunca antes había visto una vegetación tan rica y exuberante como aquí, y es que la imagen de hielo y roca del Himalaya, en verano, sólo es cierta por encima de 5000 metros. La carrera de médico tibetano, por cierto, es de cinco años, y cada vez más médicos tibetanos estudian también medicina occidental.
Las clínicas oficiales son las
Men-Tsee-Khan (Tibetan Medical and Astrological Institute of His Holiness the Dalai Lama). Aunque luego, por todo el mundo, existen doctores privados, sólo si vas a una clínica Men-Tse-Khan puedes estar seguro de que ni los doctores ni las medicinas son un timo. Además con ellos las consultas son gratis y las medicinas muy baratas, y gratis para los pobres y los monjes tibetanos. Bien, el caso es que este doctor te agarra la muñeca, y como si te tomara el pulso, pero con tres dedos, ve lo que está pasando en todo tu cuerpo. A mi me dijo que tenía problemas en mi espalda, en el lado derecho, y a Julia que tenía problemas en el estómago. Ambas cosas son totalmente ciertas. Por cierto, la comunicación, básicamente, por gestos, porque apenas hablaba inglés, el hombre. Te hace una receta que entregas en una ventanilla junto a la consulta, te preparan tus medicinas y al rato te las entregan. Las medicinas son unas bolitas que hay que machacar con un martillo y cuando se convierten en polvos, tomar con agua caliente, en las cantidades y a las horas prescritas por el doctor. Cada 5 días, se interrumpe el tratamiento y se toma la "
perla preciosa" una bolita que envuelta en una tela rosa, con hilo de colores, y con el holograma de Men-Tse-Khan. Por lo visto estas perlas preciosas tienen un montón de cosas muy buenas para la salud, aunque el sabor es muy malo (y no es que el de las otras bolitas sea muy bueno). Normalmente te manda volver a la consulta a las dos semanas, así que he ido dos veces y después de la segunda visita me he llevado bolitas para un mes. Y aquí sigo, dando martillazos todos los días. Ya estoy bastante harto, pero los dolores de espalda cada vez me molestan menos. Y Julia se encuentra mucho mejor con su estómago. El dibujo de arriba es de un tratado de medicina tibetana y en la foto de abajo estamos mi doctor y yo.
Ah, poco a poco
sigo subiendo fotos a picasa, podeis ir viendo las nuevas. Volveré a avisar cuando termine de subir todas.